Disco 1
Un pad y un sintetizador que crean un ambiente intrigante son el colchón para unas disonantes melodías vocales y con mucho delay en “If Eternity Should Fail”. Parece que Dickinson compuso este tema para su proyecto en solitario, pero enseguida apreciarás que es una medio tempo bastante típica de la Doncella de Hierro (cada vez que alguien pronuncia el nombre en español, muere un gatito, así que evitaremos volver a hacerlo, lo siento mucho, no volverá a ocurrir). Las directas estrofas, con el típico palm mute cabalgante de guitarras encima de esecharles tan marca de la casa de McBrain conducen a un estribillo con una melodía muy clara y predecible. Y será una buena noticia para los que ya estaban cansados de los Iron Maiden más progresivos. Esto es un corte de heavy melódico sin más paliativos, incluyendo el pasaje instrumental, con solos sencillos y otros doblados en los que cada cual tiene su momento de lucimiento. Estribillo para acabar y, para rematar, un outro acústico con un discurso con voz distorsionada. Sí, ya han pasado casi ocho minutos y medio. No se hace cuesta arriba porque la banda sabe mantener bien la intensidad. Buenas noticias. “Speed of Light” fue el primer adelanto que nos presentó el grupo, así que probablemente ya lo hayas escuchado y tengas tu propia idea en la cabeza. Como siempre, hay quien se quedó igual y otros que lo disfrutaron. Cuando lo volváis a escuchar en el contexto del álbum, lo apreciaréis mejor como lo que es: un tema muy rockero, pegadizo y que pretende emular a los grandes singles de la formación. El riff es matador y la evolución armónica de las guitarras, muy Maiden, salvo ciertos leads, que recuerdan al folk del bueno de Gary Moore. El estribillo (“Shadows and the stars / We will not return/ Humanity won’t save us / At the speed of light”) seguro que acaba siendo coreado por miles de gargantas en cada concierto y es por eso que se repite hasta tres veces al final. ¡Y tiene un videoclip homenaje a los videojuegos!Disco 2
Los cuarenta y dos minutos del segundo CD arrancan con un redoble y unas melodías de guitarra que parecen sacadas de cualquier clásico de la banda. “Death or Glory” tiene un ritmo galopante vacilón, que permite a Dickinson cantar con un ‘flow’ bastante pegadizo en las estrofas. Enseguida llega un precoro muy contundente y épico, que sirve de genial puente para un estribillo sencillo y efectivo. La estructura va al grano y es que, si he de apostar, diría que este tema apunta a segundo single. Directo a la yugular y con todos los ingredientes que encuentras en los hits de Maiden: buenos y melódicos guitarreos, versos que entran a la primera y ese sonido de heavy clásico inconfundible. El oscuro lead de guitarra de “Shadows of the Valley” puede recordar ciertamente a Judas Priest, pero en cuanto entra Dickinson se despejan todas las dudas. Siguiendo el ejemplo del santo “Run To The Hills”, tiene un inicio calmado que luego da paso a una parte más rítmica, en la que el bajo domina el groove (como sucede en todo el álbum, por otra parte). Aunque echo de menos algo de fuerza en el arabesco estribillo, los arreglos de teclado y las guitarras más de fondo hacen que te fijes más en las melodías y no tanto en la base rítmica. Me encanta el trabajo de guitarras (ese riff de después del estribillo es adictivo), muy fluido y melódico. Es uno de los temas que más partido le saca a las tres guitarras. Los coros finales (“oh, oh, oh”) serán una fiesta en directo. Una de las más especiales del álbum es “Tears of a Clown”. Aparte de que la letra habla de la depresión y posterior suicidio de Robin Williams (de ahí el título del tema), lo cual es un gesto bastante humano por parte de la banda, musicalmente consigue crear una ambientación entre lo épico y lo sentimental que me parece soberbia. Dickinson canta con una calidez y feeling especiales en un registro más comedido pero igualmente poderoso. En lo musical, es una canción entre el hard rock y el heavy clásico con una producción que mima los detalles (no digo que en el resto del trabajo no lo estén, pero aquí se hace especialmente patente). Sencilla, emotiva y melódica. “The Man Of Sorrows” tiene un exquisita intro de guitarra, tocada con muchísimo gusto. Le siguen arpegios, la voz cuentahistorias de Bruce y pronto entrará la batería y el resto de la banda con un ritmo lento, pero muy contundente. Se va animando poco a poco con cambios muy progresivos y una atmósfera grandilocuente que podría haber explotado con un estribillo más directo, pero el grupo opta por la pomposidad en su lugar. A algunos las melodías les parecerán cansinas, a otros les encantarán. Quizá sea de las menos directas del álbum, así que tendrás que darle varias oportunidades antes de cogerle el gusto a ese espíritu medio Pink Floyd que tiene (especialmente de cara al final). Y aquí llega el mastodonte, la canción más larga de la discografía de Iron Maiden, “Empire of the Clouds”. Compuesta enteramente por Dickinson, empieza con un piano bastante folk que toca el propio cantante. De hecho, al parecer pasó largas horas en una cabina aislado sacando estas melodías y luego decidió grabar todos los pianos él solo, así que el resto de compañeros tuvieron que seguirle el ritmo después en el estudio. Aunque armónicamente me parece brillante en los primeros compases, he de reconocer que los primeros siete minutos se hacen algo repetitivos, porque juegan con la misma melodía una y otra vez (incluyendo más instrumentos y arreglos cada vez, eso sí). Sin embargo, a partir de entonces aparecen otras melodías, riffs y atmósferas que van sumando intensidad a un tema sesudo y en el que la banda ofrece todo lo que tiene encima de la mesa. Los últimos minutos, en los que las melodías de guitarras adelantan lo que será la aguda melodía de algunos versos posteriores, son para enmarcar (si te gusta el rock progresivo, claro). Y el final, que convierte al corte en una obra circular, sirve perfectamente de catarsis musical. Como siempre con este tipo de composiciones, no es para todos los públicos, aunque no por ello hay que dejar de apreciar el curro que tiene detrás en todos los sentidos.Conclusión
Te podrán gustar más o menos estas once canciones, pero escuchamos a una banda fiel a sí misma y coherente con su propia herencia musical. Han sabido mezclar inteligentemente sus partes más directas y melódicas con los entramados más progresivos, y el resultado es un disco comercial que tiene pasajes tanto cañeros, como complejos como pegadizos. En lo musical te encuentras a un batería que nunca fue espectacular, pero que todo lo toca correcto y con ese sonido tan reconocible y seco; un trío de guitarras más engrasado que nunca; un bajo omnipresente (y sin el que Iron Maiden no sería lo que es) y un Bruce Dickinson que, aunque rebaja tonalidades para ocultar los años, sigue dando la nota con maestría y potencia. Creo que, con este decimosexto trabajo, el mito Maiden se hace más grande y alimentará por seguro a sus millones de fans. En mi opinión, un trabajo completísimo y muy recomendable. ¡Que empiece el debate!¿Quieres aprender esto en clase, con feedback en directo?
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